La cárcel de Stanford, un experimento impactante

Para llegar a comprender la mente humana, en el ámbito de la Psicología se han desarrollado multitud de experimentos. Algunos han tenido muy poca repercusión, otros, en cambio, se han hecho muy populares y otros… ¡Otros son realmente impactantes! Hoy, precisamente, vamos a hablar en Psicología Curiosa de uno de los experimentos más impactantes en el mundo de la Psicología: La cárcel de Stanford.

Antes de adentrarnos de lleno en el experimento, me gustaría que conociéramos un poco a Philip Zimbardo.

Philip Zimbardo

Zimbardo, experimento de la cárcel de Stanford

Zimbardo se gradúo en Psicología, Sociología y Antropología, además, continuó sus estudios realizando su doctorado en Psicología Social por la Universidad de Yale. Es en esta Universidad donde comienza a ejercer de profesor, continuando, posteriormente, en otras universidades (como la de New York, Columbia, Stanford y, por último, California). Más tarde, en el año 2002, se convierte en el presidente de la Asociación Americana de Psicología (APA).

Aunque es especialmente conocido por el experimento del que vamos a hablar a continuación, ha hecho grandes aportaciones al mundo de la Psicología. Se implicó en el estudio de la timidez (creando un centro para que las personas pudieran superarla). Investigó sobre la motivación, así como la perspectiva del tiempo (con el diseño de un formulario para medir las actitudes relacionadas con el tiempo).

La cárcel de Stanford

Experimento: la cárcel de Stanford de Zimbardo

Después de este brevísimo resumen de la vida Zimbardo… ¡Volvamos a su época de profesor en Stanford! Ya que fue allí donde llevó a cabo su famoso experimento.

En 1971, decidido a investigar sobre la importancia que tienen los roles en la conducta de grupo, llevó a cabo el experimento de la prisión de Stanford.

¿Cuáles eran sus objetivos?

Zimbardo quería dar explicación a los conflictos que se producían en el sistema de prisiones y estudiar la influencia del entorno social sobre las acciones de las personas.

Para conseguir su propósito, seleccionó a un grupo de 24 universitarios (con buen estado de salud física y psicológica) que se prestaron voluntariamente mediante sus respuestas a un anuncio del periódico. De estos, la mitad fueron asignados (mediante el lanzamiento de una moneda) como guardias de la prisión y el resto como como presos. Cada grupo recibió una serie de indicaciones:

  • Los guardias no podían ejercer la violencia física y debían dirigir la cárcel según creyeran conveniente.
  • Los presos solo debían esperar en casa hasta que fueran informados del inicio del experimento.

Cada grupo recibió diferentes elementos, en función de su rol. Estos ayudarían a crear cierta despersonalización y/o desorientación. Entre ellos podríamos destacar los uniformes (en función del rol), porras, gafas de espejo (para evitar el contacto visual) …

El experimento tuvo lugar en los sótanos de la Universidad, que fueron adaptados como una especie de prisión. Zimbardo y su equipo se tomaron muchas molestias para tratar de conseguir el máximo realismo. Llegaron, incluso, a realizar arrestos falsos en los domicilios de los supuestos presos. Tras este proceso, los trasladaron a la “prisión” en la que iban a estar durante dos semanas. Allí, fueron tratados como verdaderos reclusos: les leyeron sus derechos, les tomaron fotos y huellas dactilares, se les despojó de sus ropas, ya que debían vestir con las batas que se les entregó (y sin utilizar ropa interior) … Además, se les puso una pequeña cadena en el tobillo para que recordaran su rol.

La vida en la cárcel de Stanford

Durante el primer día todo transcurrió con normalidad. Sin embargo, la paz no duró mucho. Durante el segundo día se desató un motín. Tales fueron sus dimensiones que los “guardias” decidieron (voluntariamente) hacer horas extras para intentar resolver la situación. Para ello, atacaron a los prisioneros con extintores y dividieron a los “presos” en dos grupos: el de los buenos y el de los malos. A partir de este momento, la relación entre ambos grupos (presos y guardias) se volvió completamente asimétrica. Los guardias se veían con el poder de dominar al otro grupo, generándose una dinámica de dominio y sumisión entre guardias y reclusos. El nuevo rol se apoderó de ellos.

Los guardias, para reafirmar su autoridad, comenzaron a realizar recuentos rutinarios, controles, impusieron nuevas reglas, castigos entre los que se encontraban los ejercicios forzados, la negación de ir al baño o de la comida. También, como acto de humillación, les obligaron a ir desnudos, a ponerse en ridículo, a dormir en el suelo…

Tal fue la magnitud que cobró el experimento que, al sexto día, tuvo que ser cancelado.

Como ya os podréis imaginar, el experimento fue muy criticado, tanto por la falta de ética, como por la postura de Zimbardo, que se vio sumergido dentro de su experimento sin adoptar una postura neutral.

¿Qué os ha parecido el experimento? ¿Lo conocíais?

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