Experimento de Milgram: ¿Obedecer a la autoridad?

Desde pequeños nos enseñan a ser obedientes: “tienes que hacer caso a mamá y papá, a los/as profesores/as, a tu hermano mayor… Obedecer, obedecer y obedecer. Pero ¿hasta qué punto podemos llegar por el simple hecho de obedecer a la autoridad? ¿Llegarías más allá del límite de tus valores? ¿Serías capaz de proporcionar una descarga de 400 voltios a otra persona si un tercero de un rango superior al tuyo te lo ordena? Seguramente, tu respuesta es no. Pero… ¿estás seguro/a? ¿qué diría Milgram basándose en los resultados de su experimento?

En el post de hoy vamos a descubrir quién es Milgram y qué puede llegar a hacer una persona simplemente por obedecer las órdenes de otro.

Stanley Milgram

Milgram, un referente en el campo de la Psicología Social, fue un psicólogo famoso de la Universidad de Yale.

Obediencia a la autoridad, experimento de Milgram

Realizó varios experimentos que han estado en el punto de mira por su dudosa ética. Es por ello por lo que ha recibido numerosas críticas. Sin embargo, gracias a que puso a prueba la obediencia de las personas a la autoridad, hoy disponemos la información suficiente para descubrir lo peligroso que puede llegar a ser que los humanos estemos predispuestos a obedecer las órdenes de la autoridad, hasta el punto de desprendernos de la responsabilidad de las consecuencias de nuestros propios actos.

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«La situación extraña de Ainsworth».

El experimento de Milgram

¿Qué influencia tiene la autoridad sobre las personas? ¿Hasta dónde puede llegar un individuo obedeciendo las órdenes de la autoridad? Son preguntas que, probablemente, rondaban por la cabeza de Milgram cuando se dispuso a realizar este experimento para descubrir hasta qué punto era capaz una persona de obedecer a la autoridad.

APIR PIR Psicólogo militar

¿Cómo hizo el experimento?

Para llevar a cabo el experimento, Milgram reclutó a 40 participantes a través del periódico, donde lo anunciaba como un experimento sobre el aprendizaje y la memoria. Además, los participantes recibirían una recompensa económica por su participación.

Para realizar el experimento se necesitaban tres personas: el experimentador (la máxima autoridad en el experimento y que quedaba reflejada con su bata blanca), un alumno y un maestro. A cada participante se le hacía creer que era asignado de forma azarosa a uno de estos dos últimos puestos. Sin embargo, siempre eran asignados como maestros, quedando ocupado el rol de alumno por un infiltrado de Milgram. Una vez repartidos los roles, alumno y maestro eran separados en habitaciones contiguas.

De forma previa, el maestro observaba cómo el alumno era atado a una silla y cómo le colocaban una serie de electrodos. Seguidamente, el maestro pasaba a la sala contigua donde disponía de un generador de descargas eléctricas elaborado por el equipo de Milgram y en el que se podía observar hasta 30 interruptores para regular la intensidad de las descargas. Éstos iban de 15 en 15 voltios hasta llegar al máximo: 450 voltios. Además, Milgram se encargó de colocar varias etiquetas debajo de éstos para que el “maestro” pudiera observar cómo de intensa era la descarga (moderada, fuerte, descarga grave y XXX).

obediencia a la autoridad, experimento de Milgram

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El experimento

La función que tenía el maestro era enseñar una serie de palabras al alumno. Además, había recibido instrucciones claras: si el alumno se equivoca, debe ser castigado con una descarga eléctrica y ésta irá incrementando de 15 en 15 voltios por cada error. También, debía interpretar el silencio como error.

A estas alturas, seguro que más de uno/a estará pensando que este experimento es una locura. Pues sí, una auténtica locura; pero, por suerte, el generador era falso y el alumno no recibía descargas. Pero, esto era algo que el “maestro” desconocía. Sigamos viendo cómo se desarrolla el experimento.

Con cada error, el alumno debía pulsar interruptor y para que no “cantase demasiado” que era falso y evitar que el maestro descubriera “el pastel”, al pulsarlo se escuchaba de fondo una grabación con gritos que iban incrementándose en intensidad a medida que el voltaje subía. A los 300 voltios, los alumnos tenían indicado golpear la pared y gritar que lo dejaran. Si el voltaje aumentaba, debían quedar en silencio.

Por otro lado, el experimentador también había recibido una serie de instrucciones por si el maestro se negaba a continuar. Tan solo debía contestar con alguna frase tipo “continúe, por favor”, “es esencial que siga”, “no tiene otra opción, debe continuar” (podemos apreciar el nivel de exigencia del experimentador…).

Los resultados obtenidos en el experimento de Milgram

¿Qué crees que pasó? Si estabas pensando en que nadie llegaría al final, que como mucho aplicarían un par de descargas, porque sería imposible que una persona llegara a tal extremo… ¡Te equivocas!

Aunque lo sujetos parecían mostrarse un poco incómodos con la situación, con tensión, angustia… de los 40, 40 obedecieron las órdenes del experimentador hasta los 300 voltios. Pero, esto no es todo, de los 40 sujetos, 25 llegaron hasta el final (450 voltios).

experimento de Milgram

Como podemos observar, el 65% de la muestra fue capaz de llegar hasta el máximo nivel, a pesar de que, supuestamente, los alumnos se quejaban, llegando a mencionar hasta problemas cardiacos. Y, a pesar de todo, continuaron.

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Conclusiones del experimento de Milgram

  • Que esté presente la figura de la autoridad, hace que se incremente el cumplimiento de órdenes.
  • Si hay compañeros “rebeldes” que se niegan a cumplir esas órdenes, el nivel de obediencia de los demás se ve reducido.
  • No hay diferencias de edad ni de sexo.
  • Cuanto más disciplinado sea el sujeto, más fácil es que obedezca.
  • Cuando el sujeto obedece, deja la responsabilidad en manos de la autoridad.
  • Cuanto menos contacto previo hayan tenido con la víctima, más obedientes son.
  • Cuánto más formado esté el sujeto, menor intimidación siente por la presencia de la autoridad.

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